Adoración como estilo de vida: más allá de la música
La adoración empezó antes de la música y sigue después del último acorde. Vivirla los siete días de la semana lo cambia todo.

Cuando pensamos en adoración, casi siempre imaginamos una canción, una banda, un domingo. Pero la adoración empezó mucho antes de la música y sigue mucho después del último acorde.
Adorar es reconocer quién es Dios y responder con toda la vida. El apóstol Pablo lo escribió sin rodeos: presenten sus cuerpos «en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Romanos 12:1). El culto, entonces, no cabe solo en un escenario: cabe en la forma en que trabajamos, tratamos a los demás y tomamos decisiones cuando nadie mira.
La música es una puerta, no el destino. Nos ayuda a entrar en la presencia de Dios y a poner en palabras lo que el corazón siente. Pero si la adoración termina cuando se apagan las luces, algo quedó a medias.
Con gratitud diaria. Empezar el día dando gracias cambia la mirada de todo lo que viene después.
Con integridad. Hacer bien lo pequeño, aunque nadie lo note, es una canción que Dios escucha.
Con servicio. Ayudar a alguien concreto es adoración con manos y pies.
Nuestra oración es que cada canción que escribimos te lleve a adorar los siete días de la semana, no solo el domingo. Porque la vida entera es el escenario.
— Umbral Worship


